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En esta sección nos gustaría exponer vivencias, impresiones, encuentros inolvidables, sentimientos u otras experiencias similares que
- nos han hecho reflexionar
- pueden influir en nuestra vidas
- pueden ser de ayuda a nuestros acompañantes
- ofrecen a veces una solución
- o simplemente dejan muchos interrogantes abiertos.
Aceptamos encantados las ideas y aportaciones de nuestros visitantes. Envíenos la suya a guido.guertler@t-online.de para que podamos presentarla.
Contenido
Honor mortal (artículos de Guido Gürtler y Peter Morgenroth)
Teatro bajo las estrellas
La Catedral de Coventry en 1959
El Dr. Dai Hesheng
Viejos, viejos viejos, viejos jovenes
Honor mortal o Cómo se puede manipular a las personas
Mi madre me dijo cuando era joven que antes del final de la 2ª Guerra Mundial mi padre pensaba lo terrible que sería si tras la victoria se rindiera homenaje a los soldados y él no estuviera entre ellos. En febrero de 1943 pasó sus últimas vacaciones en casa. El 10 de febrero de 1943, a las 12:10 murió en Ucrania a causa de las heridas. “El funeral tuvo lugar con todos los honores en el cementerio militar de Saporoshje”, correo militar n° 43 641, 12.7.43.
Fue conducido a la guerra “voluntariamente”. ¿Fue acaso una víctima de la propaganda?
En una visita que realicé en el 2000 al museo de Atlanta (Georgia), no pude dar crédito a lo que veían mis ojos: “Pensé que sería un deshonor quedarse en casa mientras otros jóvenes de mi edad están ahí afuera luchando (Capt. James Cooper, Tennessee)”.
Estas palabras las podría haber dicho mi padre.
Sentí una mezcla de consternación, conmoción, ira, impotencia y rabia: ¿De verdad se ha manipulado a las personas hasta el punto de estar dispuestas a arriesgar voluntariamente sus vidas en pos de un posible honor? Y todavía se sigue haciendo.
¿Qué podía hacer yo para que no se repitiera lo mismo una y otra vez? No mucho, ya que no tengo poder en la política. Aunque quizás sí había algo que podía hacer: Ayudar a conservar los cementerios de los soldados caídos en la guerra, ya que no se trata de simples cementerios, sino de monumentos. Hay que recordar a todos y cada uno de los muertos. Es importante para él mismo, para su familia rota y para su trayectoria vital brutalmente transformada.
Colaboro con la asociación Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge e.V. desde hace más de 40 años. En su página web se puede leer lo siguiente: “Saporoshje A finales de la Segunda Guerra Mundial ya existía en Saporoshje un cementerio de soldados alemanes. Cuando en los años 60 se reconstruyó la ciudad destruida y se trazaron las calles, los trabajadores encontraron otras muchas tumbas de soldados alemanes. Los muertos estaban enterrados en fosas comunes en el terreno que ocupara el cementerio original. La Asociación estima que podría haber más de 7.000 cadáveres. Después de una larga espera, el ayuntamiento ha accedido a ampliar este cementerio de aproximadamente una hectárea.
En octubre de 2001 concluyeron las obras y se llevaron a cabo las tareas de inspección. El recinto fue cercado con una verja metálica. En las fosas comunes con forma de colina se han colocado grupos de cruces simbólicas. La plaza conmemorativa tiene una cruz de granito y está unida a la entrada y al aparcamiento situado delante a través de un camino empedrado”.
¡Un pequeño consuelo! Puedo imaginarme el cementerio de Saporoshje. ¡Ojalá se convierta, junto con otros miles de cementerios de soldados, en un recordatorio constante para los políticos!
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Le agradezco mucho a Peter Morgenroth las siguientes reflexiones:
Tal vez los últimos conocimientos científicos puedan aportar una explicación.
Battina Gartner escribió el 22.04.2004 para el periódico ZEIT un revelador artículo cuya lectura recomiendo: http://www.zeit.de/2004/18/M-Hirnforschung. El texto me ha dado mucho que pensar, también en lo que respecta a la “manipulación de héroes”. La investigación neurológica causó una gran sensación y una ola de entusiasmo con el descubrimiento hace cinco años de las neuronas espejo.
De forma resumida, el artículo explica que la observación (de modelos de comportamiento) provoca en nosotros las mismas reacciones físicas que si los experimentáramos en carne propia. Podríamos preguntarnos por qué las escenas de una película nos hacen llorar o nos provocan dolor como si las estuviéramos viviendo dentro de la pantalla. O también por qué resulta tan difícil desligarse (y activar asimismo nuestra barrera genética inhibitoria) cuando aparecen fenómenos de masas como fueron la propaganda fascista o bien la moda o el Zeitgeist, el espíritu de una época.
Me da mucho que pensar el hecho de tener un “cerebro empático” desde el nacimiento y que, al mismo tiempo, existan modelos establecidos sobre los que apenas puedo hacer nada como individuo. ¿O sí?
No creo que tenga posibilidad de influir en la política. Ni tampoco tengo ningún pariente en un cementerio de soldados. No obstante, soy partidario de que se cuestione cualquier uniforme. En vista de lo mencionado anteriormente, sólo tengo posibilidad de hacer algo si me convierto en un modelo a seguir.
Cualquiera puede esforzarse en hacer lo mismo. Surtirá efecto.
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Teatro bajo las estrellas
Noche de verano en Galicia con el embriagador canto de los grillos de fondo. La noche cae cerca de las 23:00. Las estrellas se dejan ver poco a poco, mucho más brillantes que en Alemania. Primero aparece Venus y, después, otras muchas, la Osa Mayor, la Vía Láctea… Ésta va resaltando cada vez más, incluso su neblina se va haciendo más nítida y brillante. El viento es templado, de vez en cuando se escucha el grito de las aves nocturnas y su característico aleteo. El cielo me fascina: “allí arriba” hay una cantidad incontable de sistemas solares. Los hombres acaban de lograr que una cápsula espacial capte imágenes de Marte; la cápsula ha tardado unos 4 años en llegar. ¿A qué distancia se encuentra la Vía Láctea? ¿Conseguiremos alguna vez enviar una cápsula espacial hasta allí? ¿Cuánto tiempo tardaría en llegar? ¿No hay ahora mismo frente a mí otras dimensiones desconocidas para los hombres? ¿Y que tampoco deberían conocerse?
Puede que sean preguntas un tanto infantiles, pero ¿cómo es posible que las estrellas no choquen con los sistemas solares? ¿Existe un orden divino que los humanos no comprendemos? ¿Desde cuándo existe el “Universo”? ¿Hasta qué punto somos capaces de concebir sus dimensiones de tiempo?
Soy consciente de lo pequeña que es nuestra Tierra, de lo insignificantes que somos los hombres en realidad, y de lo corta que es nuestra actuación en el teatro de la vida. Un simple “nanosegundo cósmico” sería, en comparación, una eternidad.
Soy consciente de que todos somos responsables de la conservación de nuestro pequeño planeta.
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La Catedral de Coventry en 1959 o Cómo me enfrenté a las consecuencias del Tercer Reich
Tenía 15 años cuando hice un intercambio de alumnos en Sutton Coldfield, cerca de Birmingham. Era una época en la que todos los países estaban desarrollando una conciencia nacional, excepto Alemania. De algún m odo, esto me molestaba.
Los encantadores padres ingleses me mostraron los restos de muros de la destruida Catedral de Coventry. Fueron bombarderos alemanes, me explicaron. Me quedé como un pasmarote sin encontrar una espontánea respuesta.
¿Qué podía decir? En 1945 yo no era más que un niño. ¿Debía sentirme culpable o, por el contrario, no reconocer ninguna culpa? ¿Quizás un poco por mis padres? Ellos tampoco podían hacer nada. ¿Se me acusaba como persona? ¿Sólo por ser alemán? ¿Acaso no se había condenado el “Sippenhaft”? <es una palabra de los Nazis que explica una pena de arresto para un miembro de un clan que ha cometido un delito> ¿Se aplicaría ahora? Mi cabeza funcionaba a toda velocidad. Finalmente salí de mi bloqueo mental comentando lo terrible que debió haber sido el bombardeo y deseando que no hubiera costado la vida a nadie.
La escena se me ha grabado en la memoria hasta hoy. Desde entonces he buscado en vano una respuesta durante años. Seguramente el bombardeo de una catedral no se puede comparar con un campo de concentración, pero fue Max Mannheimer quien me dio la solución. Su soberanía ha despertado mi admiración. En el homenaje que recibió, como superviviente de Auschwitz, durante la entrega del premio ‘Bayrische Löwe’ <león de bavaria> a la película ‘El último tren a Auschwitz’, se volvió a los jóvenes allí presentes y pronunció las siguientes palabras:
“Vosotros no sois responsables de lo que ha ocurrido, pero sí de que no se vuelva a repetir”.
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El Dr. Dai Hesheng o ¿He conocido a mi hermano de otra vida?
Poco después de hacerme cargo de la “Corporate Standardization and Regulation” de mi empresa recibimos la visita de una gran delegación oficial de China para la normalización. Eran los tiempos posteriores a Mao, y de nuevo se podía viajar al extranjero. Habían venido a Europa con la intención de aprender. El Dr. Dai Hesheng dirigía la delegación. Escuchó atentamente cómo trabajábamos y mostró un gran interés. En el juego de preguntas y respuestas se fue estableciendo una profunda relación de afecto entre nosotros. Nunca antes había tenido la sensación de entenderme tan bien con una persona como si nos ya nos c onociéramos de antes (¿de otra vida?).
Más tarde en Pekín pude saber que el Dr. Dai Hesheng dirigió el Instituto Chino de Normalización, pero se había retirado por razones de edad. Después de algunos años, durante una visita a su sucesor, le pregunté por él. Estaba bien, sólo su mujer estaba muy enferma. ¿Tendría alguna vez la oportunidad de volver a encontrarme con él? El tiempo lo diría.
Durante nuestro siguiente encuentro, no me atreví a preguntarle, pues me pareció descortés. Habíamos salido un momento a comer a la esquina, como solíamos hacer. De frente apareció el Dr. Dai Hesheng, y nos dimos un abrazo. Cuando nos despedimos, supimos que no nos volveríamos a ver más en este mundo. Me regaló el tapiz con la muralla china que ahora ocupa un lugar privilegiado en mi despacho.
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Viejos, viejos viejos, viejos jóvenes
No vamos a hablar aquí del envejecimiento de la población alemana, ni mucho menos. Más bien queremos reflejar la impresión de un recién jubilado que sale por las mañanas a comprar por el centro. ¿Qué es lo que ve? Un 90% de viejos y un 10% de madres con cochecitos de niño.
Entonces piensa: ¿Dónde están todas las personas que veía y me rodeaban a diario? ¿He pasado a ser ahora también uno de los “viejos”? Sigue reflexionando: ¿Cuántas personas más sienten lo mismo? Ni idea, pero cada vez hay más, ¿verdad?
De vuelta a casa para el almuerzo, su hija pequeña, que es una estudiante muy aplicada, les explica a sus padres: “Ya sabéis, hay vievos viejos y viejos jóvenes; vosotros sois ahora viejos jóvenes“.
Un fiel reflejo de la realidad. Se le ocurre entonces el dicho español: Es ley de vida. No se puede cambiar.
Sólo hay que aceptar la verdad. ¿Y qué queda? “Aprovechar de forma positiva la tan anhelada y merecida jubilación y disfrutar conscientemente cada día que nos ha sido regalado.”
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