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¿Son ética y socialmente responsables los biocombustibles?
Autor Dipl.-Kfm. Guido Gürtler, Observador de la Cámara de Comercio Internacional ICC en el proyecto ISO para la elaboración de la norma ISO 26000 “Guía sobre responsabilidad social”. El artículo manifiesta la opinión personal del autor. E-Mail guido.guertler@t-online.de Mayo de 2008
Si aceptamos que
- La población mundial está aumentando, las superficies destinadas al cultivo de alimentos siguen siendo escasas y las personas tienen derecho a una alimentación suficiente.
- Los bosques son importantes reguladores del clima, la madera y el sotobosque son la base para mantener la fertilidad de sus suelos.
- La paja convertida naturalmente en abono es indispensable para mantener la fertilidad de las superficies de cultivo.
- La conservación de un suelo fértil es una condición indispensable para que las plantas crezcan favorablemente y, por consiguiente, las necesidades de alimentos estén cubiertas.
Entonces los biocombustibles de cualquier generación no son ética y socialmente responsables. Para seguir avanzando, debemos encontrar otras alternativas al petróleo completamente nuevas.
La política de cualquier país deberá medirse, en primer lugar, por la atención que dedica a buscar soluciones ética y socialmente responsables frente a los problemas medioambientales; en segundo lugar, por la consideración de las repercusiones internacionales que puedan tener las medidas adoptadas a nivel nacional y, en tercer lugar, por la puesta en práctica de los convenios aprobados internacionalmente.
Los inviernos no son tan fríos como antes. Existe abundante información sobre el deshielo de glaciares e icebergs, así como sobre el deterioro de la capa de ozono y el constante aumento de las emisiones de CO2. Es necesario frenar esta situación, de ahí que surgiera la idea de los biocombustibles. Pese a ser técnicamente factibles, la pregunta cada vez más apremiante es si también son ética y socialmente responsables.
El 26.2.08 se podía leer: “¿Volaremos pronto con aceite de coco a Mallorca?”. ¿Cuántos cocos se necesitarían para lograrlo? A menudo recibimos información sobre la subida sin precedentes del precio del trigo y otras materias primas vegetales como consecuencia del crecimiento de la demanda para la elaboración de biocombustibles. De forma paralela, en las noticias del 6.4.08, leemos:
“Los mejicanos sufren las consecuencias del boom de los biocombustibles Las tortillas se convierten en un artículo de lujo Cambio climático y hambre: la solución de un problema amenaza con agudizar el otro. El impacto del auge de los biocombustibles afecta especialmente a los mejicanos. El maíz es cada vez más escaso. Y esto precisamente en un país en el que las tortillas de maíz son un alimento básico…”
El maíz procedente de Méjico se exporta en grandes cantidades a los EE.UU. para producir biocombustible. El 4.4.08 el ministro alemán de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel, decidió no elevar al 10% la proporción de etanol en gasolina, ya que esto afectaría a más de tres millones de vehículos que no podrían emplear este tipo de combustible, y también a raíz del debate público que ha generado el hecho de que esta “primera generación” de biocombustibles se obtenga a partir de alimentos. Gabriel prefiere esperar a la “segunda generación”, que estará lista para el mercado dentro de diez años, y extraerá el biocumbustible de la madera y la paja. En el artículo “Diesel finlandés” publicado el 29/30 de marzo de 2008 se puede leer que los finlandeses se sienten orgullosos de tener casi lista esta segunda generación. En estas dos noticias del 13.4.08, leemos: El alza de los precios de los alimentos en Haití provoca la destitución del primer ministro Alexis y su gabinete. Y: El director gerente del FMI, Strauss-Kahn, alerta de la subida de los precios de los alimentos… “Cientos de miles de personas pasarán hambre”.
A pesar de todo, “bio…” suena bien y no suele despertar ninguna duda; “Bio… con certificado” puede incluso transmitir libertad de conciencia, dando a entender que estamos haciendo algo bueno por el medio ambiente si utilizamos este tipo de productos. Sin embargo, al contemplar la producción y aplicación de biocombustibles como una “solución” ecológica no parece que se haya reparado mucho en las consecuencias, ya que existen otros importantes factores relacionados.
Mi valoración se cimienta en estos tres factores determinantes:
- Superficies de cultivo limitadas: Según el ciclo natural desarrollado a lo largo de miles de años de evolución, las plantas constituyen la fuente de alimentación de toda la fauna, de la cual forma parte el ser humano. Nuestra existencia depende de una flora abundante y en perfecto estado. No se pueden aumentar a voluntad las superficies que reúnan las condiciones idóneas para las plantas; más bien, al contrario, éstas son cada vez más reducidas debido a problemas como la urbanización y la desertización. Vemos fotografías de extensos campos de cultivo de soja en superficies deforestadas de la selva amazónica en Brasil, todo ello a sabiendas de que la conservación de las selvas tropicales es esencial por su papel como regulador del clima mundial.
La escasez de superficies de cultivo limita la disponibilidad de “biomasa” (o “residuos de cosechas”: ¡qué expresión tan antinatural y que desprecio a la génesis!) y, por tanto, también la disponibilidad de biocombustibles.
- Crecimiento de la población mundial: Cada vez somos más y todos queremos tener asegurado el alimento. La demanda creciente de alimentos y la escasez de superficies de cultivo conllevan inevitablemente a conflictos sociales en todo el planeta. Bajo una perspectiva ética y social sería razonable exigir un “derecho universal a una alimentación suficiente”. Los artículos 3 y 25 de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” de la ONU (DUDH) podrían formular más claramente este derecho fundamental.
- Calidad del suelo: Hace ya más de 150 años, Europa tenía miedo de no poder alimentar a su creciente población. Entonces era habitual la práctica de rotación de cultivos a fin de que la tierra en barbecho se regenerase y recuperase la fertilidad al año siguiente. “Recuperación” significa aquí la estimulación de los nutrientes del suelo (p. j., microbios y otros insectos) y el compostaje. No es de extrañar que el descubrimiento en 1852 de los abonos químicos por parte de Justus Liebig fuera tan celebrado: ahora era posible cultivar anualmente todas las superficies y obtener además mayores cosechas. El temor de Europa se había solucionado, por el momento. Entonces no había un pensamiento global. Sólo había un problema: cuando se fertiliza la tierra durante años utilizando principalmente abonos químicos, ésta se empobrece y pierde su fertilidad.
Teniendo en cuenta estos tres factores, se plantean las siguientes reflexiones:
La primera generación de biocombustibles (obtención de etanol a partir de plantas que también sirven de alimento al hombre) está perdiendo fuerza a causa de las crecientes críticas que ha despertado en el debate público. Ejemplo de ello es México (como caso sintomático), donde el precio del maíz está subiendo debido al aumento de la demanda por parte de EE.UU. El impacto de este hecho en la economía nacional mexicana es positivo, ya que permite exportar más y a mayor precio, pero resulta nefasto para la población, pues todos – también las capas sociales más pobres – se ven obligados a pagar más por los alimentos básicos, lo que da lugar a conflictos sociales.
Visto globalmente: ¿Quién estaría dispuesto a asumir la responsabilidad ética y social de que haya personas que pasan hambre porque sus alimentos son transformados en combustible?
La segunda generación de biocombustibles (obtención de combustible a partir de madera y paja) resulta fascinante en su planteamiento técnico, pero levanta igualmente serios interrogantes.
El bosque como regulador del clima: La noticia habla por sí sola: en el año 2007 las fotos satélite constataron la desaparición de una extensión de la selva brasileña igual a la del tamaño de Suiza.
No resulta muy verosímil defender la conservación de los bosques tropicales, el “pulmón del planeta”, y olvidarnos de otras áreas forestales como, p. ej., en la Tundra finlandesa: ¡Todo árbol ayuda a compensar las emisiones de CO2, no importa que esté en Brasil o en la tundra! ¡Nuestro clima es global, no nacional o regional! Se podría sugerir que la madera obtenida procediera únicamente de superficies controladas (el llamado cultivo “certificado”), pero lamentablemente tales planteamientos han demostrado ser ineficaces.
Calidad de los suelos forestales: La previsible explotación intensiva pretende extraer de los suelos forestales el sotobosque que sirve de compost, fertilizándolos en exceso para que produzcan madera más rápidamente. Además de esto, con este tipo de comercialización cabe esperar que se impongan los monocultivos de, por ejemplo, abedules o chopos de rápido crecimiento, lo cual a su vez tendría consecuencias negativas para los nutrientes del suelo así como para la flora y fauna. En resumen, los suelos explotados de forma intensiva terminan igualmente siendo inservibles.
¿Biocombustibles como solución temporal?
¿Qué proporciones son necesarias para poder reducir las emisiones de CO2 resultantes del consumo global de miles de millones de toneladas de gasolina y diesel con mezclas biológicas? Desconozco los cálculos exactos, pero el porcentaje de CO2 que se puede lograr reducir con el uso de biocombustibles está muy por debajo del uno por mil.
Hemos de admitir que la solución al problema del cambio climático no consiste en adoptar unas cuantas medidas drásticas, sino más bien en efectuar muchos pequeños cambios también en otros campos que no sean el de los combustibles. Aún cuando Alemania tomo la iniciativa junto con otros países (en España, p. ej., no existen surtidores de biocombustibles), el intento tendría una gran trascendencia histórica, aunque no sería relevante para el clima mundial, ya que tan sólo el número creciente de vehículos evitaría que se pudiera compensar la cantidad de CO2 que se hubiese logrado reducir.
Tampoco sería la solución ideal favorecer un mayor uso de biocombustibles en muchos países, pues los mencionados planteamientos éticos y sociales siguen estando presentes.
Análisis del ciclo de vida y ética
Se han elaborado numerosos análisis del ciclo de vida de los biocombustibles, constituyendo además una estupenda herramienta para adoptar medidas concretas dentro de un contexto de evaluación más amplio. Si bien en estos análisis se recogen aspectos ecológicos, técnicos y económicos básicos, sería necesario que consideraran también de forma unánime los criterios éticos y sociales para poder convertirse en herramientas eficaces para el tema que nos ocupa.
¿Qué conclusiones se pueden sacar de todo lo dicho?
1. Los biocombustibles no son compatibles con una conducta ética y social
Si consideramos que
- la población mundial está aumentando,
- las superficies de cultivo destinadas a alimentos siguen siendo escasas,
- las personas tienen derecho a una alimentación suficiente,
podemos afirmar que el uso de biocombustibles de primera generación no es conciliable con una conducta ética y social.
Si consideramos que
- los bosques de la Tierra son importantes reguladores del clima,
- productos naturales como la madera y el sotobosque son la base para mantener la fertilidad del suelo del bosque,
- la paja convertida en abono es indispensable para mantener la fertilidad de las superficies de cultivo,
- la conservación de un suelo fértil es una condición básica para que las plantas crezcan favorablemente y, por consiguiente, las necesidades de alimentos estén cubiertas,
tampoco los biocombustibles de segunda generación son ética y socialmente defendibles.
2. Es posible utilizar otras alternativas para el transporte
Ante el inevitable agotamiento de las reservas petrolíferas, debemos buscar soluciones alternativas al petróleo utilizando otro tipo de propulsión en los vehículos. Algunos ejemplos técnicamente viables son:
- Los motores híbridos están ganando popularidad por su reducido consumo de combustible y por su aprovechamiento de la energía de frenado para cargar las baterías. Si bien estos motores suponen una solución eficaz durante un tiempo, a la larga será inevitable reducir de nuevo el consumo de combustible de todos los tipos de motores
- Pese a que las pilas de combustible aún no han entrado a formar parte de la fabricación en serie de vehículos, las mejoras parecen ser prometedoras. No obstante, antes de su aplicación en serie es obligado exigir que la energía empleada para la fabricación y el funcionamiento de las pilas de combustible proceda de fuentes renovables
- El IEEE (Institute of Electrical and Electronic Engineers) anunciaba el 20.3.08 que Johnson Research and Development Co. ha logrado un nuevo sistema para obtener energía eléctrica a partir del calor con una mayor eficacia de conversión, ver http://www.spectrum.ieee.org/mar08/6079
Todas estas alternativas tienen en común que los vehículos están propulsados por motores eléctricos. Por lo tanto, es de suma importancia
- conseguir que los futuros motores eléctricos funcionen lo más eficientemente posible
- generar la energía eléctrica a partir de fuentes renovables.
3. Intervención de la política global
La reducción de las emisiones de CO2 se ha convertido en un problema acuciante a escala internacional. Frente a esto, los gobiernos intervienen en periodos legislativos limitándose su legitimación parlamentaria a los asuntos nacionales.
La única forma de llegar a un acuerdo sobre la intervención internacional ha sido hasta ahora mediante conferencias o acuerdos como el del protocolo de Kioto, sin que sea posible sancionar las infracciones o incumplimientos de los mismos. Por esta razón, la política de cualquier país deberá poner un mayor énfasis, en primer lugar, en buscar soluciones ética y socialmente responsables para los problemas medioambientales; en segundo lugar, en orientar sus actuaciones a nivel nacional de acuerdo con las repercusiones que pudieran tener a nivel internacional y, en tercer lugar, en aplicar los acuerdos, tanto vigentes como futuros, que se hayan aprobado internacionalmente. En la práctica, esto significa que todos los gobiernos nacionales han de tomar conciencia de su parte de responsabilidad global antes de que sea demasiado tarde.
La adopción de más acuerdos sobre climátologia con normas para controlar y reducir las emisiones debe ser respaldada y aplicada de forma activa, especialmente por países muy poblados como la India, Indonesia, Estados Unidos y China.
Es lógico, por tanto, suponer que las zonas más desarrolladas como Europa o EE.UU. tendrán que aceptar renunciar a algunas de sus “viejas costumbres”, pues, de lo contrario, no habrá autoridad real para exigir a los países emergentes que limiten su consumo de recursos.
4. Un salto cuantitativo en tecnología En 1876, Nikolaus Otto inventó el motor de explosión, y en 1892 apareció el motor diesel de la mano de Rudolf Diesel. Ambos representaron un espectacular avance tecnológico. Estos 132 años de historia no son nada en comparación con los millones de años de evolución de nuestro planeta. Sin embargo, estos 132 años han sido testigos de una evolución que no puede seguir por el mismo camino. En este sentido se imponen dos líneas de actuación:
Por una parte hace falta un aprovechamiento más eficiente de los recursos fósiles antes de que se agoten. Las nuevas tecnologías para ello podrían ser también sólo temporales.
Por otra parte necesitamos un verdadero salto cuantitativo en el desarrollo de motores eléctricos que utilicen fuentes de energías limpias.
Este salto cuantitativo debe tener como meta la obtención de un sistema de transporte que sea responsable ética y socialmente al no contaminar el medio ambiente ni inducir a posibles conflictos sociales. Los biocombustibles, en cambio, son un “experimento puntual” que pasará rápidamente a la historia.
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